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Carnevale, M. (Director). (2024). Goyo [Imagen fija]. Kuarzo International Films, Leyenda Films. Netflix. https://www.netflix.com
Su nombre es Goyo y trabaja como guía en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. La primera vez que escuché su nombre y vi sus rasgos en la pantalla, sentí un interés inmediato. Claramente no hablaré ni escribiré desde una perspectiva de arte ni de crítico de cine, primero porque no es mi especialidad –aunque soy un amante apasionado de ambas artes– y segundo porque no sería honesto con ustedes. El cine, el arte plástico, la arquitectura, el diseño, los disfruto y los vivo a mi manera, así como lo hace Goyo.
Recuerdo cuando me recibí de psicólogo en la Universidad de Buenos Aires, hace ya algunas décadas – junto al título, “se expresaba el deseo del furor curandis”, en palabras simples significa “el deseo de sanar o curar,” es así que me orienté a la clínica, comenzando a trabajar en un centro de salud para pacientes autistas, en pleno Palermo Viejo, eran fines de los 80. El paciente que viene a mi recuerdo se llamaba Aníbal, un joven con un grado de autismo; para quienes no están familiarizados, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición que perdura toda la vida y que altera la capacidad de una persona para comunicarse y relacionarse con otros (www.brincar.org.ar); de acuerdo a la palabra médica, muy severo.
Aníbal no hablaba, no se relacionaba, caminaba encorvado, en círculos, siempre estaba solo en un rincón. Lentamente nos fuimos vinculando, cantando y jugando a su juego. Hasta que un día, llegué a mi trabajo, y Aníbal corriendo vino a mí y me abrazó. Este abrazo fue el resultado de un vínculo creado a través de la música, que para ellos fue un nexo con la realidad.
Las escenas de la película «Goyo» se desarrollan acompañadas por una melodía de piano que resuena con la sensibilidad de los personajes. Para ayudarnos a comprender las emociones de Goyo, la realidad a veces se transforma en un lienzo lleno de pinceladas de colores vibrantes, reflejando la manera única y bella en que él percibe la vida. La rutina diaria, a menudo cargada de ruidos que muchos normalizamos, como el zumbido de una aspiradora, se convierte en un desafío sensorial significativo para alguien con Asperger. Este detalle resalta cómo las percepciones sensoriales pueden ser intensas y a veces abrumadoras para las personas neurodivergentes.
La neurodivergencia no se considera una enfermedad o un trastorno que necesita ser curado. Más bien, se entiende como una variación natural del cerebro humano, que aporta una diversidad de pensamientos, percepciones y habilidades. Las personas neurodivergentes pueden enfrentar desafíos en un mundo diseñado principalmente para personas neurotípicas, pero también pueden poseer habilidades y perspectivas únicas que son valiosas y enriquecedoras.
Hoy en día, en el contexto laboral, se es más consciente de la neurodiversidad existente, reconociendo el gran interés y posibilidades que representa este colectivo. Hay trabajos en los que pensar y ver las cosas de manera diferente es una ventaja. Las empresas reconocen que la forma en que las personas neurodivergentes aprenden y procesan la información no es como la de los neurotípicos, y esto puede ser extremadamente valioso.
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