𝗗𝗲 𝘂𝗻 𝗱𝗶𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗹 𝗼𝘁𝗿𝗼, 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗲𝗿𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹. 🫠 Correos, webinars, gurús de LinkedIn prometiendo el secreto del liderazgo consciente, casi como si el desarrollo personal se vendiera en oferta relámpago. Y claro, de golpe, todo el mundo vestía de blanco, hablaba de regulación emocional, empatía y liderazgo consciente, pero cuando llegaba el momento de tomar decisiones reales, las emociones volvían a quedar afuera (porque una cosa es predicar y otra muy distinta es practicar).
Más de una vez nos encontramos con mi partner Gaston debatiendo qué tan bien sobreviven las ideas de los libros en el mundo real, hay que ver a un/a líder lidiar con un equipo agotado un lunes a las 9 a.m. Bueno, Gabel (2005) define la inteligencia emocional como la capacidad de percibir, entender y manejar emociones propias y ajenas. Salovey y Mayer (1990) la dividen en cuatro fases, desde reconocerlas hasta regularlas. Y Goleman (1995) la llevó al management, subrayando su impacto en liderazgo.
Pero en la práctica… 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗲𝘀 𝗹𝗮 𝗱𝗶𝗳𝗲𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝘂𝗻 𝗲𝗾𝘂𝗶𝗽𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝘃𝗮𝗻𝘇𝗮 𝘆 𝘂𝗻𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗻𝗰𝗮. De verdad mejora la comunicación, fortalece la confianza y reduce la rotación, no solo motiva a los equipos, 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘢 𝘭𝘢 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦𝘴𝘢 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳𝘢.
Un informe de Deloitte (Six Leader/Worker Disconnects, 2023) advierte que muchos líderes creen que sus equipos están bien, mientras que la realidad dice lo contrario, esa desconexión impacta directamente en la satisfacción y la retención del talento, para mí es el cimiento de un liderazgo efectivo.
Liderar sin inteligencia emocional es pasar de largo las señales de alerta hasta que el equipo está agotado, frustrado o renunciando. Todo parece ir bien hasta que los conflictos no resueltos y la falta de empatía terminan erosionando la motivación y la confianza, y ahí es cuando el equipo deja de funcionar.
Ver a un equipo conectar mejor, tomar mejores decisiones y gestionar con inteligencia emocional es algo extraordinario. En DEIBme facilitamos talleres que convierten el cambio en algo tangible dentro de las organizaciones.
Porque cuando la inteligencia emocional se aplica, los equipos no solo rinden más, sino que quieren quedarse.
Un abrazo,

